Las enfermedades disparan

Foto: Caraota Digital

Jofrana González Canelones
Periodista internacional

Esa fue una de las célebres frases de Donald Trump luego de los dos tiroteos masivos de hace una semana en Estados Unidos.

El luto acobijó nuevamente a los estadounidenses luego de que la ciudad fronteriza de El Paso fuera el primer escenario para una masacre que involucró también a ciudadanos de origen mexicano. Tan solo unas horas después Dayton, Ohio, fue el segundo escenario para los disparos y la sangre. Un sábado que pocos imaginaban terminaría así. El domingo en la madrugada le tocó el turno a Chicago, donde por fortuna no hubo muertes aunque sí siete personas heridas y las autoridades comentaron luego en su balance del hecho que, de no haber llegado a tiempo, la pérdida de vidas también habría sido lamentable.

Los tiroteos en Estados Unidos se han vuelto, tristemente, parte de la vida de los ciudadanos de ese país. Del terrorismo mundial islamita, ahora se ha tornado un problema doméstico que a Trump y a sus predecesores les ha tocado enfrentar y asumir responsabilidades. Lo particular de estos últimos ataques es no solo la respuesta del peculiar mandatario estadounidense, sino los argumentos de uno de los atacantes, el que sobrevivió, porque el segundo fue dado de baja en el lugar (Ohio).

Y es que el discurso del presidente Trump en materia migratoria, sectario contra los inmigrantes, su verbo siempre desafiante a los de otra nacionalidad y en particular en alusión a los del triángulo norte, parece que ha calado más de lo que debería. El sospechoso del ataque en El Paso confesó que había disparado y que quería hacerlo contra los mexicanos, comunidad bastante predominante en esa zona del estado de Texas.

Claramente el presidente Trump no ayudó con la situación cuando se pronunció acerca de los hechos. Luego de enviar condolencias e incluso asomar la posibilidad de una revisión al tema del control de armas, soltó una perla en medio de su discurso donde le atribuía las muertes a las enfermedades mentales de quienes disparaban y no al uso de las mismas, o el fácil acceso en su país para adquirirlas, ni mucho menos al hecho de que, según el sospechoso, haya sido en contra de ciudadanos de una nacionalidad específica. Palabras más, palabras menos, Trump dijo que son las enfermedades mentales las que aprietan el gatillo de las armas. Y a tan solo horas o quizá un día más tarde, hizo referencia a los grupos supremacistas blancos (que lo apoyaron mucho en su campaña), al racismo y a este tipo de discursos que tampoco lo han ayudado. Al punto de que lo llevó a aclarar o decir “yo soy el menos racista”…

Sus visitas posteriores a las zonas de las desgracias no fueron tampoco bien vistas. Las protestas enmarcaron la escena y el rechazo de las comunidades para la pareja presidencial se hizo notar.

Estados Unidos se encuentra en un proceso de campaña para las presidenciales del 2020, en el cual Trump mantiene la esencia de la campaña que usó para las presidenciales del 2016, y parece que no pretende cambiarla. Pero hay elementos a favor y que realmente tienen peso como para que el magnate neoyorquino repita en La Casa Blanca; en materia económica, por ejemplo, donde el índice de desempleo ha bajado y el crecimiento se ha sentido según los expertos y los números le favorecen. Pero no olvidemos que la sociedad estadounidense está siendo la víctima del discurso, de las reformas y en mayor medida la población migrante de sus propuestas inmigratorias y todos hacen vida en un mismo territorio que tiene a un presidente que es miembro de la Asociación Nacional del Rifle en la primera potencia y el país mas poderoso del mundo.

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